(Un)chained memories
Publicado en Noviembre 2025
Las metralladoras de información descargan impiadosas sobre nuestros cerebros gelatinados. Ni siquiera, contando a las arañas, alcanzan los ojos sobre la tierra para deglutir tantas horas de contenido. Los pulgares se hamacan sobre las pantallas y la calesita de las emociones toma carrera: ansiedad, miedo, bronca, risas, odio, conexión, calentura, complicidad, frustración. Como si hubieran quitado el tapón y por la cañería se nos escapara el tiempo. Detenerse y pensar durante la urgencia es un lujo del que las mayorías se privan a sí mismas.
Cuando era pequeño no comprendía la convivencia entre la propaganda católica "Dios es amor" y la historia genocida de la Iglesia. Incluso si le diéramos el beneficio del paso del tiempo e intentáramos dejar en el pasado los cadáveres que apiló: los fieles contemporáneos aun se dedican a odiar a todo lo que no califican como "prójimo". Fue, entonces, muy temprano en mi vida que decidí no tomar como cierto lo que una institución profería sobre sí misma. Con más detenimiento e investigación uno aprende que la pulsión genocida de la Iglesia está codificada en su libro basal.
Este criterio de desconfianza y estudio lo aplico a todo el entramado social: la familia, la escuela, la universidad, el trabajo, el Estado, etc. Me sorprende que sean tantos los repetidores seriales de lo impuesto. Y me divierte desenredar los tejidos mitológicos de nuestra manera de habitar el mundo. Me cuesta tragar la propaganda.
¿Cómo hacen las mentes para despoblarse de tantos recorridos? Estoy agotado de ver cómo se regurgitan mitologías obtusas y simplonas. Es increíble lo exitosas que son las instituciones de secuestro en preparar las imaginaciones de las personas para reproducir la normalidad. Cuando los conservadores gritan a cuatro vientos que la "izquierda radical" viene a destruir la familia, alguna enseñanza revelan. Este mundo se sostiene, en gran parte, transmitiendo códigos que encarrilan a la actividad humana: instrucciones sobre cómo pensar, conductas aceptables, límites de lo posible, identidades estáticas, roles de género, horizontes imaginarios, fantasías carentes de peligro, sumisión acrítica a lo establecido. La familia es el programador encargado de inscribir el código básico. Luego... te mandan al colegio.
Santiago levantó por el aire a un rinoceronte naranja con un collar isabelino del que brotaban estacas hechas de hueso. Me enamoro de ese animal de plástico. Lo anhelo, lo quiero. Mi afinidad con los monstruos viene de antaño. Se lo arranco de sus manos y comienza a llorar. La "seño" se acerca a darme una lección sobre modales y, de manera algo velada, sobre la propiedad privada, la prelación de derechos, las bondades de ser dócil y acatar a órdenes. De la vivencia entiendo que ante un conflicto es normal que intervenga un tercero con más autoridad para decidir sobre algo que le es ajeno. En salita de cinco, yo quise jugar con un triceratops y me inyectaron ideología civilizatoria.
Anécdotas de este estilo reverberan por mi biografía. Viví desde los seis hasta los doce años en Estados Unidos, el centro imperial. Sospecho que eso de alguna manera me hizo menos permeable a la propaganda: cuando te hacen jurar lealtad todos los días a una bandera que no es "tuya" es más fácil darse cuenta de que el azar no es buen motivo para entregarle tu vida a un país. De regreso al territorio donde nací, su propaganda también me terminó resultando un tanto... ridícula.
En el secundario, intentan formatearte la cabeza para convertirte en un empleado capaz de resolver problemas sencillos y en un "buen" ciudadano. Para ello te alimentan con una épica de pertenencia: libertadores revolucionarios pero civilizados e ilustrados. Tan generosos que le llevaron, a fuerza de plagas y balas, cultura a los "indios". En Estados Unidos te enseñan que son los mejores. En Argentina hacen eco a los aires de superioridad llorando lo que pudieron haber sido... si tan solo "no hubieran llegado los inmigrantes equivocados", si tan solo "no hubiera habido golpes militares", si tan solo "no hubiera aparecido Perón", si tan solo inserte aquí su explicación de preferencia.
Me cuesta olvidarme la historia. Me cuesta tragarme los mitos sin pensarlos como tales. Los "Padres Fundadores" en sus Cartas Magnas sostenían que "todos los hombres fueron creados iguales" pero la historia demuestra que para ellos ciertas personas no eran personas o no eran iguales (da lo mismo). Por eso, se podían dar el lujo de decir que eran la "Tierra de los Libres" mientras capturaban gente en África, la trasladaban a América y la esclavizaban. Por eso, expandían el territorio de sus nacientes Estados y aniquilaban a los aborígenes. Por eso, preferían la inmigración de ciertos lugares, de gente de cierto color y no de otro. Todo el diseño institucional, hasta el día de hoy, refleja estos ideales. Y la ciudadanía insiste en olvidarse, en adjudicar esos ideales a épocas anteriores, a confusiones de antaño.
En educación cívica nos preparan para recibir la obligación del sufragio como si fuera un don. En la Argentina, el voto era facultativo y calificado. En las puertas para anotarse en los padrones, esperaban bravucones para decidir quiénes podían votar y quiénes no. Se enseña a la Ley Saenz Peña de 1912 como gran triunfo de la democracia. No solo ni siquiera votaban las mujeres sino que, a partir de la instauración del voto secreto y obligatorio, hubo seis golpes de Estado en la Argentina: 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. No sé qué malabares psíquicos habría que hacer para sospechar que los dueños del mundo iban a crear un sistema capaz de quitarles su poder. Si un resultado no les conviene, lo revierten.
Al electorado le habilitan la posibilidad de incidir (de manera tangencial) en la política. Aun así, hay estrategias para mermar las decisiones: extorsión de punteros, mecanismos de supresión legal del voto mediante registros complicados, gerrymandering, manipulación de opinión pública, etc. La propaganda civilizatoria, además, logra convencer a las poblaciones del mundo de abdicar su soberanía periodicamente a cambio de diferentes variantes de soretes: "esta vez va a funcionar, este es diferente, es outsider, es de carrera, es clásico, es revolucionario".
La separación entre las voluntades de los votantes y las decisiones tomadas es abismal. El sistema representativo así lo quiere y logra. ¿Qué puede saber un burócrata (maquillado de carismático en el mejor de los casos) sobre las necesidades, vivencias, sentimientos, dolores, deseos de los habitantes que lo eligen? ¿Qué intereses puede compartir una vez que su rol social muta al de "político profesional" y su nueva meta es la reelección?
Es mucho más fácil "persuadir" (con dinero, tentaciones y extorsión) a 329 personas que intentar maniobrar (solo con ideas) a 45 millones (aunque bastante bien les sale). Los poderes económicos tienen residencia permanente en los edificios públicos y sus lacayos están involucrados en cada paso de la creación normativa que rige las vidas de los súbditos.
Trozos de carne se deslizan por la cúpula del parlamento. A una pobre musa del teatro le impalaron el cráneo en el pararrayos. Su sangre se filtra por el techo y chorrea sobre los escaños. El espectáculo posee al recinto. Ahora que la tecnología lo permite, cada cámara graba y transmite peleas encarnizadas en tiempo real. Antes de la puesta en escena, en el bar de la esquina los congresistas repasan los lineamientos de su improv: qué vota cada quién, qué favores gatillan, qué pasado revuelven, etc. Al "pueblo", además, le gusta que tapen el bodrio del papeleo estatal y los arreglos de los lobby con un poco de dramatismo. ¡Gracias Piroyansky, Suar y Darín por bajar tanto la vara! ¡El "pueblo" y sus gobernantes se los agradece de todo corazón!
Así y todo la tragicomedia del Congreso puede, de vez en cuando, crear normativa momentáneamente beneficiosa para las mayorías. Si las clases dominantes no decidieran volver a un despliegue descaradamente dictatorial, el diseño institucional tiene previsto diques de contención.
El poder judicial, por ejemplo, fue concebido desde sus inicios como peso "contra-mayoritario". Los "Padres Fundadores" eran latifundistas y dueños de gente esclavizada. El sistema económico excluye a las mayorías. A la vez, la "igualdad" tiene mucho peso en la mitología contemporánea: "un voto por persona". ¿Qué pasa cuando las mayorías votan medidas que implican cambios en las estructuras económicas? ¿Cómo se podría justificar voltear una decisión de los "representantes del pueblo"? Artilugio lógico-jurídico: "contrato social" y su "correcta" interpretación. La Corte Suprema, en varios sistemas jurídicos del mundo, es la última intérprete de la Constitución. Los intereses de las clases dominantes viven indemnes bajo el manto de la racionalidad.
Hace poco, medio país perdió la cabeza por la "osadía" de la Corte Suprema en confirmar la condena de Cristina Fernández de Kirchner, proscribiéndola de las elecciones. ¡¿Cómo iban a tomar semejante decisión tres personas que - encima - nadie había votado?! ¡Para colmo los tres son cishombres blancos hetero! Pero si hubieran sido votados, ¿sería aceptable? ¿Y si fueran tres no binaries negrxs pansexuales? ¿Si la decisión no hubiese tenido efecto electoral sería un escándalo? ¿Cuál es el impacto institucional que traza el límite de lo aceptable? ¿Cuál es la proporción poblacional que habilita que las decisiones sean "representativas"?
Unas semanas antes de la publicación de este fallo, se intentaba producir un resultado similar a través del cuerpo legislativo. Se buscó, con el Proyecto de Ley Ficha Limpia, inhabilitar la presentación en elecciones de la líder de la oposición. Es evidente que no prosperó la ley porque nadie en Congreso pasa un test de "pureza". Ahora bien, si se hubiese promulgado, ¿qué diferencia **cualitativa** hubiese? ¿No podríamos horrorizarnos como súbditos ante el hecho de que 181 personas (el mínimo requerido para promulgar) están 'manipulando' el escenario electoral"? En este hipotético, ¿181 personas decidiendo por 47 millones es un "poco menos choto" que 3?
Sería posible poblar una planilla de excel donde se registre cuánto le sale a cada privado comprarse un pedacito de poder público: coima a la burocracia permanente, a la administración ejecutiva, a los legisladores, a los medios de comunicación, al poder judicial, etc. Los poderes atrincherados no correrían riesgos innecesarios, menos que menos con la invención de la democracia representativa. Tienen preparadas válvulas de seguridad.
El sentido común forjado durante miles de años de mitos fundacionales, hoy se da el lujo de acusar a los aldeanos del medioevo de no entender “la verdad” del cosmos, de ser ignotos de las ciencias, y no saber un pomo de política. Eran solo humanos que “sobrevivían” y esperaban que algún caballero, sacerdote o comerciante apareciera para informarles a quién debían entregarle el tributo. Con la llegada de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, supuestamente salieron de ese rol pasivo para convertirse en ciudadanos.
Acaso el “ciudadano de a pie” del siglo XXI, ¿tiene más incidencia sobre las decisiones que atañen a su vida que un aldeano del medioevo? ¿en serio "entiende más" sobre el mundo que un aldeano? ¿No parecería ser más acertada la descripción del habitante actual como alguien que “espera a que se le informe a quién hay que entregarle su dinero por el mero hecho de estar vivo”? ¿Quién está tomando decisiones sobre el rumbo del planeta?
Los pulgares se hamacan sobre las pantallas y el ciclo de noticias desesperanzadoras hunde sus balas en nuestros cerebros gelatinados. Frenar y pensar durante la urgencia es un lujo del que las mayorías se privan a sí mismas. ¡Rápido! ¡Rápido! Vayamos más lento.